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URBAFIL Speech 2018

Nuevas herramientas para lograr ciudades seguras: Pistas de colaboración entre urbanistas y constructores de paz

 

Presentación de Dr. Achim Wennmann en el panel ‘Gobiernos Locales y Ciudades Seguras’ en el Foro Internacional de Urbanismo ‘Ciudad y Gobierno Local’, Guadalajara, México, 27 de noviembre de 2018

 

Buenas tardes a todas y a todos,

 

Me gustaría agradecer a los organizadores de la URBAFIL por invitarme a participar en este evento y también felicitarlos por el excelente programa que elaboraron. 

Mi presentación se dedicará a identificar elementos prácticos para avanzar hacia ciudades más seguras desde una perspectiva integrada de planeación urbana y de construcción de la paz. Estos elementos prácticos están fundamentados en más de 3 años de trabajo por parte de un grupo de expertos sobre seguridad urbana y construcción de paz, que yo co-facilité en mi capacidad de Coordinador Ejecutivo en la Plataforma de Construcción de Paz de Ginebra en colaboración con Onu-Habitat. 

Me gustaría empezar con un ejemplo que me conmovió personalmente. Se trata de la historia de una persona que trabaja en un centro de salud en Catuche, en Caracas, Venezuela, una de las ciudades más violentas de América Latina. Ella facilita los encuentros entre madres de adolescentes asesinados y sus asesinos. 

Este trabajo es importante porque la madre y el asesino viven en el mismo barrio y se ven varias veces al día. Lo que esta persona hace es procurar que la madre pueda vivir con menos dolor, y el asesino pueda vivir con menos culpa. 

Creo que esta historia va al corazón de lo que es la construcción de la paz: se trata de manejar el espacio de lo imperdonable.

El espacio donde este trabajo ocurre es frecuentemente el nivel local, dentro de las comunidades y de los hogares que, en su conjunto, definen la ciudad. Es el espacio en que ‘la ciudad inteligente’ es la visión de una ciudad sin homicidios en la calle y sin miedo y de una vida con respeto y dignidad. 

En mi presentación me gustaría compartir perspectivas sobre cómo se puede construir una paz en la ciudad o favorecer una co-existencia que resulte en una ciudad más segura para todos. En lo general, estas perspectivas, o enfoques, subrayan la importancia de crear espacios para la evolución de la paz a nivel local y para las relaciones que definen las interacciones dentro de estos espacios.

 

El ejemplo de Catuche demuestra el grado de voluntad de acción que existe a nivel local. La gente que vive en lugares difíciles no espera pasivamente que pare la violencia o que llegue la paz, sino que se dedica a darle forma a la vida en sus comunidades, día tras día.  Esta voluntad local crea sus propios espacios de acción.

 

La pregunta que se plantea es ¿podemos identificar algunos espacios propicios a la reducción de la violencia y a la construcción de la paz?  Para abordar esta pregunta, voy a comparar las perspectivas de los urbanistas con las perspectivas de la práctica de construcción de la paz.

 

Desde la perspectiva del urbanista, el énfasis recae en el diseño o la delimitación del espacio mediante el uso de estructuras físicas.

 

Dentro de esta perspectiva existe el ‘modelo de encuentro’ de Jane Jacobs, en torno a estructuras ‘abiertas’ y ‘permeables’. Estas estructuras favorecen las interacciones entre los residentes de un barrio y visitantes del mismo. Por el contrario, existe también el ‘modelo de encierro’, que es una medida explícita de control social que evolucionó naturalmente hacia la comunidad privada. Las comunidades privadas convierten los muros que delimitan los territorios en muros dentro de la mente y son herramientas de exclusión social y política. Aunque son financieramente muy redituables, resultan nocivas en terminus de cohesion social y van en contra de normas internacionales de inclusión como las evocadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

 

En términos de la relación entre  la reconfiguración física de la ciudad y la reducción de violencia, los estudios académicos tienden a refutar el enfoque determinista que supone que ‘un cambio en el entorno puede causar cambios en el comportamiento’. En el marco de estos estudios no existe evidencia en el sentido de que ‘un cambio en el entorno construido resulta en menos violencia y mayor inclusión social’.

 

Asimismo, los urbanistas parecen perder influencia política en favor de ciudades bien planeadas. Ejemplo de ello es que en muchas ciudades, la práctica de la configuración de los espacios públicos es trabajo de la policía o de los empresas de seguridad privada, en lugar de los arquitectos y planeadores urbanos.

 

Desde la perspectiva del constructor de paz, el enfoque está centrado en las relaciones con actores para ampliar los espacios políticos y para modificar el comportamiento de actores dentro de dichos espacios.

 

En su investigación sobre pandillas en Nicaragua, mi colega Dennis Rodgers destaca que tales espacios pueden presentarse de maneras inesperadas. Al respecto, él describe su experiencia con pandillas rivales en un mercado en Managua. Esta área del mercado era ‘tierra de nadie’ y, por lo tanto, no estaba en juego como parte de la lucha por territorios y la violencia entre las pandillas.

 

Este ejemplo demuestra que, aun en algunos de los lugares más violentos, pueden existir espacios neutrales que permiten la interacción y la construcción de relaciones. En el caso de Nicaragua, son ‘espacios de excepción’ dentro del cuales diferentes pandillas pueden coexistir y relacionarse entre ellas. Estos espacios abren posibilidades para iniciativas concretas de construcción de paz y para expandir territorios de co-existencia dentro de la ciudad.

 

Hay muchos otros ejemplos que subrayan la diversidad de los espacios para la paz. En México, existe el Centro Municipal de Mediación de Corregidora en Querétaro. Este centro proporciona un espacio para mitigar las disputas locales antes de que se conviertan en conflicto violento. Es también un espacio participativo que involucra a los residentes de la localidad en la resolución de sus problemas y en el monitoreo de los proyectos para resolverlos.

 

Otro ejemplo inmediato es el hogar como espacio de acción para reducir la violencia – mayormente violencia contra las mujeres. El hogar es ‘la’ unidad fundamental a partir de la cual se construye un municipio más pacífico y más incluyente.

 

Estos ejemplos ilustran la importancia de identificar espacios dentro de los cuales se puede crear confianza a través de un mejor relacionamiento entre los actores.  La consecuencia práctica es un enfoque político más orientado a la diplomacia informal de ‘prevención’ o de ‘construcción de consenso’. Estos ejemplos también subrayan el papel de la negociación, del diálogo y de la mediación para resolver problemas y conflictos, de manera pacífica, pero sin estar atrapado en la indecisión.

 

En términos prácticos hay muchas evidencias de lo que funciona y lo que no funciona para reducir la violencia. Los ejemplos incluyen la tregua entre pandillas en Los Ángeles, la tregua entre pandillas en El Salvador, y la inclusión social de las pandillas en Ecuador. En Colonia, Alemania, existe un enfoque integral de la planeación del espacio social.

 

Lo que la evidencia también muestra es que la militarización de los policías no tiene ningún resultado práctico para las comunidades en términos de seguridad ciudadana. En términos de costo y beneficio para la seguridad ciudadana es también mala inversión si no ocurre en una estrategia integrada con los contra-pesos y la supervisión civil adecuados.

 

Un número creciente de iniciativas en ciudades como Chicago o Baltimore en Estados Unidos se inspiran en los conocimientos de los expertos en salud pública, quienes han observado que la violencia se propaga como una enfermedad y que, por lo tanto, es susceptible que se interrumpa en ciertos puntos estratégicos. Esos programas despliegan a miembros de confianza de la comunidad – desde ex-pandillos hasta representantes religiosos o empresarios – como ‘interruptores de violencia’.

 

La experiencia de la mediación de la paz en contextos de guerras civiles destaca en términos similares el valor de los mediadores locales. Estos mediadores están en condiciones de ejercer influencia gracias a la confianza y el respeto que inspiran y su profundo conocimiento de las dinámicas y los contextos de los conflictos locales.

 

Estos ejemplos subrayan algo fundamental para la política pública en materia de seguridad ciudadana: Si el objetivo es construir una ciudad menos violenta y más incluyente, entonces es necesario que existan relaciones dentro de esta y se creen diferentes espacios para lograr una ciudad más segura. La pregunta clave para gobiernos locales es ¿quiénes son los mediadores locales que pueden construir relaciones dentro de la comunidades? ¿Quiénes son los constructores de la inclusión social? En esta era actual de híper conectividad tenemos que ‘dar el salto’ para que la conectividad se traduzca en relaciones de calidad y de confianza. Pero tenemos que resaltar que es un trabajo que no se hace solo y que requiere mediadores locales.

 

De la misma manera, es importante reconocer que no es la pugna política sobre quién tiene el mandato de ser responsable de la seguridad lo que va a resultar en más seguridad y paz. Los gobiernos locales y otros actores locales no deberían dejarse desconcentrar de sus actividades cotidianas dentro de la comunidad en materia de seguridad y paz. Lo que está claro es que un solo actor no puede producir una ciudad más segura por sí mismo, sino que la seguridad ciudadana es algo que se coproduce.

 

Ahora me gustaría enfocarme en este fenómeno de coproducción. Me voy a concentrar, específicamente, en la colaboración entre el sector de urbanismo y el de la construcción de la paz con el objetivo de coproducir ciudades seguras.

 

Cuando se observa el trabajo de los diseñadores, planificadores y arquitectos, este se enfoca principalmente en dar forma a las ciudades.  Por su parte, el trabajo de los constructores de paz se concentra en el cambio de los comportamientos.

 

Ambas agrupaciones todavía trabajan con estrategias que se ubican mayormente dentro de sus respectivas profesiones. No obstante, ninguna de ellas estará en condiciones de propiciar ciudades más seguras e incluyentes si se mantienen aisladas la una de la otra. Por esta razón, es importante identificar caminos prácticos que promuevan mecanismos de colaboración.

 

Un camino en esta dirección es reconocer las décadas de experiencia en el diseño de procesos participativos en ambas comunidades de práctica. Las herramientas participativas en la comunidad práctica de seguridad urbana han sido tomadas de la comunidad práctica del desarrollo, donde los métodos de recopilación de información sobre las comunidades locales han sido realizados por y con los mismos habitantes.

 

Entre los urbanistas, prácticas semejantes han sido utilizadas en los procesos de planificación urbana. El objetivo consiste en construir un consenso en torno a metas comunes y una visión compartida para un barrio que pueda ofrecer una alternativa a las metodologías de imponer la planificación urbana de arriba hacia abajo.

 

Las prácticas de este tipo hacen eco en los constructores de paz. En las investigaciones sobre resolución de conflictos dichos procesos son parte de las dimensiones prospectivas de la construcción de paz que engloban las visiones del futuro y los caminos que llevan a un nuevo orden político, económico o social.

 

Tales procesos participativos también pueden ser parte de mecanismos de negociación – como ‘diálogos nacionales’ o ‘arquitecturas para la paz’ que intentan ampliar la participación en y la previsibilidad de las transiciones políticas. La aplicación de estas herramientas en la ciudad implica reconocer que cada ciudad tiene su propia constelación política y su propio ‘acuerdo político’ reconociendo el poder real de actores tanto oficiales como informales. El uso del dialoga, la negociación y la mediación, así como la experiencia de procesos participativos como herramienta para manejar el cambio es una contribución importante de la práctica de construcción de la paz en la ciudad.

 

Voy a concluir con un dicho alemán que se traduce “no pospongas para mañana lo que puedes hacer hoy”. Este dicho combina bien con el dicho mexicano “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. Con esto quiero subrayar que los actores locales – incluyendo los gobiernos locales – no deberían esperar para tratar de mejorar la seguridad ciudadana al nivel local y de manejar este espacio de lo imperdonable, evocado en el ejemplo de Catuche que mencioné al principio de la presentación.

 

Hay muchos problemas que resolver y muchos lugares para empezar el trabajo para hacer la ciudad más segura. Aquellos que quieran comenzar pueden estar seguros de que hay mucha práctica de urbanistas y de constructores de la paz para guiar sus esfuerzos.

 

Esta presentación se inspira en la publicación de Achim Wennmann ‘Daring the Unconventional on the Pathways for Peace: On the “How” of Sustaining Peace in the City’ in Achim Wennmann and Oliver Jütersonke (eds) Urban Safety and Peacebuildling: New Perspectives on Sustaining Peace in the City (London: Routledge, 2019), pp.178-194.

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